La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

DIECIOCHO

Ayer en la oscuridad, en la caja más pequeña que está dentro de una de esas otras cajas que puedo ver desde la rendija de mi caja, la habitación está vacía. El mundo tiembla, quizás por una puerta que se cierra, quizás por una telúrica desazón. Las latas están desparramadas por el suelo de la caja. Golpeo la madera. Golpeo la madera. Golpeo. Lamo la sangre de mis nudillos, los muerdo clavando los dientes que chirrían contra el hueso, estiro con fuerza la pierna y el clavo desgarra la carne de mi pie. Gateo sobre el limo parduzco recogiendo las latas, acunándolas entre mis brazos. Balbuceo abrazado al desorden, imposible ya. Me balanceo. Abro todas las latas una a una arrojándolas al rincón contrario al de las latas vacías. No son mis latas. No huelen. Pesadas y grises y rancias. No huelen. Mi interior consagrado por los siglos de los siglos.
Vomito.

Viernes, 10 de Diciembre de 2004 17:39.

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